Esperando a alguien.
I’m in the attic.
The new Khan is an Englishman.
According to the backstory provided in “Space Seed”, Khan is a genetically engineered superhuman from India who once controlled more than a quarter of the Earth during the Eugenics Wars of the 1990s. Cumberbatch is a good actor but I think that Don’t looks like a man from India and I’m sure that some people would find offensive.
Richie & Margot
Despedida.
Me he dado cuenta de tu poca evolución como persona, sigues diciendo las mismas frases de hace años, te gusta la misma música de hace años, tienes los mismos amigos de hace años, no has cambiado, las mismas manías, las mismas costumbres, la misma mierda todo el tiempo, las mismas preguntas, las mismas respuestas, las mismas discusiones, las mismas trivialidades, las mismas banalidades. Entrar a una hora, salir a una hora, comer a una hora, coger a una hora, coger de la misma forma, ir al mismo lugar todos los putos fines de semana y terminar haciendo lo mismo. Me estas arrastrando… no, me has arrastrado a un maldito vacío de monotonía que me está volviendo loco. No puedo seguir así, simplemente no puedo, no lo soporto. Me veo dentro de años haciendo las mismas cosas que hago ahora junto a ti y siento miedo, sí, tengo mucho miedo, miedo de perderme en el tiempo, de perderme entre las personas, de perderme en la vida, tengo miedo de ser sólo un pequeño engranaje insignificante, sin importancia, movido por la inercia y que a su vez le da movimiento a una gran máquina que avanza sin sentido. Tengo miedo de pasar desapercibido. No me mires así, sabes perfectamente bien a lo que me refiero. Y es que antes de conocerte… mas bien, antes de darme cuenta de que estaba contigo, porque para serte sincero no recuerdo el momento exacto en que entraste a mi vida, no recuerdo el momento en que llegaste y te hiciste de todo mi ser y te apoderaste de todos mis actos y me contagiaste con tu apatía. Antes de conocerte yo no era así, tenía metas claras, sabía lo que quería, tenía la mirada fija en mis sueños. No te atrevas a decir que esas son cursilerías, para ti todo en esta puta vida son cursilerías, todo es porquería, todo está sobrevalorado, todo es ridículo, todo es cursi, ah, eso es pretencioso, eso es poco inteligente, eso es moralista, eso es anticuado, hace años que ya lo hicieron, es muy básico, es mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda.
Pero toda esa mierda fue hecha por alguien, alguien que decidió levantarse un día, mandar al carajo a la monotonía y emprender algo nuevo, algo apasionante, algo que llenaba su alma de gozo, de satisfacción, algo que por fin alimentaba su intelecto, algo que salió desde sus entrañas, le dio oxigeno y lo alimentó y cuidó y llegó a crecer hasta que vio la luz. Algo que tú no te has atrevido a hacer, porque eres cobarde, sí, no te rías, detrás de esa actitud y de esa seguridad fingida sólo hay un animal asustadizo que teme cumplir con su destino, eres cobarde, le temes a la incertidumbre, temes dejar tu comodidad, temes que te juzguen, que te critiquen, le temes al fracaso. Del fracaso se han escrito tantas frases, máximas y proverbios para hacerle frente y entenderlo, se han repetido hasta el cansancio y se han vuelto trilladas, eso nadie lo sabe más que tú, por eso no diré ninguna, pero en el fondo sabes que tienen algo de verdad.
Sé que estoy siendo cruel pero ya no me gustas como persona, no me gusta tu actitud, no me gusta en lo que te has convertido, sé que eres inteligente, brillante, eso lo tengo claro, también sé que no eres una mala persona y ciertamente en algunos aspectos eres impresionante, pero eso ya no es suficiente para mí, porque es muy triste que todas esas cualidades no las uses para algo fantástico y lo que es peor, que me hayas arrastrado junto contigo, por supuesto que acepto mi culpa, yo me dejé llevar y no hice nada para impedirlo, hasta ahora. No puedo dejar de sentir tanta rabia hacia ti, siento que todo el tiempo que pasé contigo fue una parte de mi vida que perdí y nunca podré recuperar, fue un tiempo en el que me envolviste con tu ideología y tu forma de pensar y no me dejaste avanzar, me atrapaste, me hundiste y me reprimiste.
Pero ha llegado el momento de decir adiós, tienes que creerme cuando te digo que no ha sido nada fácil porque sé que aunque no los vas a aceptar, todo esto te duele, a como me duele a mí, pero tienes que entender que en honor a todo lo que una vez fuimos tenía que ser lo más honesto que se puede ser, valga la redundancia, bien sabes que la verdad es lo único que nos queda y siempre, aunque nos lastime y nos queme en el alma, será mejor que la mentira.
Hace tiempo quería decirte todo esto, desde el momento en que me di cuenta que nuestra relación iba en detrimento y comenzó a deteriorarse irremediablemente, pero no me armaba de valor, por eso decidí escribirlo, por eso y porque al hacerlo de esta forma estoy siendo por demás irónico, tú entenderás a qué me refiero. Es definitivo y no daré marcha atrás, te pido, si así lo quieres, que nunca olvides todo lo que pasamos juntos, lo bueno y lo malo, porque en todo hay enseñanza, no pienso olvidarte porque eso sería imposible, mi objetivo es que pases a ser tan sólo un recuerdo que, aunque parezca absurdo, me motive para seguir adelante.
Sé que es difícil, pero lo difícil tiene que hacerse cuando es necesario. Te doy las gracias por todo y es en esta parte en que me separo de ti y te digo adiós, adiós para siempre.
Eduardo Falcón.
Espero que mi gatita nunca me haga esto ;(
The world is ours.
La encomienda de Azul.

Esta vez el Motel no estaba tan mal, los baños estaban limpios o por lo menos parecían estarlo, la cama era cómoda y mullida y lo mejor de todo, no había rastros de cucarachas. Sí, sé que me van a decir que sólo salen en la noche o cuando no ven movimiento alguno, pero años de viajar me hicieron un experto, ¿no creen? No me pregunten cómo, simplemente sé cuando un lugar está infestado o no de esos asquerosos bichos. No hay algo que deteste más que las cucarachas, malditas sean, son horribles, inmundas y no cumplen ninguna función en este jodido mundo, tal vez por eso último las odio más. Me imagino que Dios las creó sólo por cagarnos la existencia, como casi todas las cosas que ha hecho; si algún día logro tenerlo enfrente le preguntaré cuál fue su objetivo al crear tan detestables criaturas y después le escupiré en la cara.
Me asomé por la ventana, sólo podía ver la fea carretera por donde vine, era una vista bastante deprimente. Me tumbé en la cama, necesitaba relajarme, esto cada vez se estaba poniendo más difícil, empezaba a arrepentirme, empezaba a tener… No, no seas marica, miedo no, no podía tener miedo, sólo han pasado dos eventos desde que recibí la encomienda, le hice una promesa. Sonó el teléfono, era él.
—¿Dónde estás?
—En el destino 23.
—Muy bien, ¿Cómo te sientes?
—Pues, no muy bien.
—Azul… sé que es difícil pero sabes que es la única forma. Confío en ti. El mundo está en tus manos.
—Lo sé, es eso precisamente lo que me da miedo, si fallo, todo será mi culpa.
—No vas a fallar, te escogí porque eres el mejor, relájate, duerme un poco.
—¿Y acaso crees que puedo dormir?
—Anda, descansa un poco, estás en un nuevo destino, no creo que te hayan rastreado tan pronto.
—Está bien, lo intentaré.
—Adiós, Azul.
—Adiós Rojo.
Demonios, no debí mostrarme débil ante él, qué pendejo fui. Fue un error, podría desconfiar de mi, podría pensar que ya no era apto para la encomienda. Sé que yo tengo que hacer esto solo, sin quejarme, es mi deber.
Prendí la televisión, mala pornografía, una asiática asquerosa intentaba meterse en el culo la enorme verga de un negro. La apagué, siempre me ha disgustado la maldita pornografía, está hecha para dos tipos de personas: quienes no pueden conquistar por méritos propios a una buena hembra y quienes no tienen para pagar una buena puta. Para que mejor me entiendan, ¿por qué ver pornografía cuando puedes coger de verdad?
Tal vez debería de ir a esa cantina que estaba en la entrada del pueblo y tomar algo de whisky, si es que estos pobres miserables conocen el Whisky. Tomé la pistola y el maletín. Dudé un poco en la puerta pero estaba demasiado nervioso para dormir. Salí. Anduve por el camino de grava hasta llegar al auto, el enorme anuncio de neón del motel bañaba de una tenue luz azul todo el estacionamiento. Sentí una presencia, saqué de inmediato la pistola. Un perro viejo y sucio y con las patas traseras destrozadas se arrastraba hacia mi. Se quejaba. Amigo, ¿quién coño te hizo esto? Seguramente fue uno de esos malditos traileros miserables. Pero joder, ¿cómo demonios no te diste cuenta animal imbécil? Se volvió a quejar, su mirada de sufrimiento era insoportable. Está bien amigo, viniste a mi por ayuda y no soy tan hijo de puta como para negártela. Lo acaricié, mierda, juro que sus ojos se le llenaron de lágrimas, tal vez nunca en su miserable vida le habían mostrado afecto. Saqué la pistola, le puse el silenciador, apunté en la frente. Adiós amigo. Disparé, la bala entró y salió limpiamente por su pequeña cabeza, cayó en un sueño profundo. Quité el silenciador y me limpié las manos en mis Levi’s 505.
Subí al auto, mi Ford Torino del 72, anticuado, viejo, feo, pero útil y veloz, fue un regalo de mi padre y vaya que ese jodido viejo pendejo lo cuidó, se preocupaba más por su auto que por sus hijos. Rojo me ofreció un buen auto, nuevo y moderno, claro, pero evidentemente lo rechacé, si iba a hacer esto sería en mi auto, un auto de verdad, no en una de esas mariconerías con aire acondicionado y GPS. Subí y arranqué, regresé por la vieja y gastada carretera, alcancé a ver tres cruces casi juntas al lado de un triste árbol seco y sin vida, me pregunté quiénes habrían sido esos pobres diablos que murieron en tan desolado lugar.
La oscuridad lo consumía todo, tal vez ya no había nadie en la cantina, no, las luces seguían encendidas y se podía escuchar la música. Me estacioné al lado de dos motocicletas. Alerta. No era buena señal, no para mi. Dudé en entrar, pero qué carajos, ya estaba ahí. Tomé el maletín y metí la pistola en la parte trasera de mi pantalón, pude sentir el frío del cañon en el comienzo de mis nalgas. Entré. Otro mal indicio, música de Ricardo Arjona, me cago en Dios. El lugar estaba relativamente lleno. Gente normal, borrachos, traileros probablemente, unas cuantas putillas feas.
Dos cosas me llamaron la atención, en una de las mesas había un hombre gordo con lentes oscuros y sombrero, pobre pendejo, con la camisa de cuadros abierta y el pelo de su pecho asomándose, pobre pendejo naco, con botas picudas, ¿blancas? Pobre hijo de perra. En fin, él no fue lo que llamó mi atención, él sólo me dio risa, fue ella, la increíble hembra que estaba cortejando, una puta evidentemente, pero una puta bonita, con buenas tetas, buen culo, hermoso cabello negro, largo, todo un forro. Con las malditas ganas de coger que traía mi verga se medio despertó de su letargo. La otra cosa que llamó mi atención fue una mesa que estaba junto a un viejo cuadro polvoriento de Isela Vegas en sus buenos tiempos, la reconocí porque mi padre fue fan de ella, me había contado de su época gloriosa en los 70’s y que había llegado a posar para la portada de la Play Boy gringa, la primera latina en hacerlo. La anécdota del día en que llegó a conocerla y cómo habían compartido un toque de mota seguía fresca en mi memoria. En la mesa habían tres tipos, dos changos enormes con chaqueta de cuero y otro tipo, guapo, limpio, bien peinado y vestido pulcramente con un traje blanco. Pensé que alguien como yo llamaría la atención en ese lugar pero ese tipo me superaba. Me echó una mirada. Puto. Me quedó viendo el paquete que probablemente ya era bastante notable. Después, miró fijamente el maletín. Alerta. Desvío la mirada y le dijo algo a los changos. Voltearon. Alerta. Me debería ir pero sería muy obvio. Me acerqué a la barra y me senté. Al lado de mi había una puta como de 80 años, grotesca, borracha y con olor a vómito.
—Hola, guapo —me dijo.
—Lárgate anciana —contesté.
—Vete a chingar a tu madre pinche puto. —Se fue.
Pedí un whisky doble, el cantinero, un joven despeinado, narizón y con varios granos llenos de pus en la cara sacó una botella hasta la mitad de James King.
—Qué joder. ¿No tienes Buchanan’s, Johnnie Walker, Jack?
—No —contestó.
—Sírvelo —me lo tomé de un vergazo. Fue horrible—. Dame una negra modelo, ¿tienes?
—Sólo Indio señor.
—Puta madre, dámela entonces.
La música cambió, Los tigres del Norte, por lo menos era mejor que el Guatemalteco pendejo. Sabía que me estaban viendo, volteé lentamente, el putarraco de blanco estaba riendo con sus changos, seguramente sus mayates. No me prestaban atención. Pedí otra cerveza, giré hacia el otro lado del tugurio y mi mirada se encontró con la de la puta, la del tipejo naco, el tipo estaba bastante borracho y le sobaba las tetas pero ella me miraba a mi. Volteé la cara, esa puta ya tenía dueño y lo menos que necesitaba eran problemas. Seguramente regresaría al Motel y me haría una puñeta pensando en ella.
Pedí otra cerveza, y otra. Música de Joan Sebastian, del Buki, de Julión Alvares. Otra cerveza. De Valentin Elizalde. Otra cerveza. De José José. Me dieron ganas de ir a orinar. Mierda. Sería muy tonto ir con el maletín al baño pero no podía dejarlo ahí. Me levanté. Me volví a sentar; se me movió el centro de la tierra. Joder, si apenas iban unas cuantas cervezas.
La puta buena estaba bailando con el infeliz de sombrero, le tocaba el culo, que buen culo. Varios bailaban, apenas y movían sus cuerpos ridiculamente entorpecidos por el alcohol. Tomé el maletín y me dirigí al baño, entré, podría jurar que era el lugar más sucio e inmundo sobre la faz de la tierra, para mi sorpresa estaba vacío. Me dirigí hacia los mingitorios, dejé el maletín a un lado y me saqué la verga, estaba un poco dura pero aún flácida, comencé a orinar con muy poco tino. Alguien entró. Alerta. Se puso al lado de mi, con el rabillo del ojo vi que era alguien vestido de blanco, el puto. Comenzó a tirar un buen chorro, mientras yo hacía lo mismo.
—Qué buena verga tienes —dijo después de un rato.
—¿Qué acabas de decir?
—Que qué buena verga tienes, gruesa, venosa y cabezona.
—Vete a la verga, puto.
—Es lo que yo quisiera, a la tuya.
—No me jodas putarraco, ocupate de tus asuntos.
—¿Nunca te la ha mamado un puto? Damos mejores mamadas que las pinches viejas.
—Eso a mi no me importa.
—Si no te importa ¿por qué la tienes tan dura?
Era verdad, la tenía dura como un garrote, como un fierro. Sentí su mano agarrando mi falo.
—Hace mucho que no la usas, ¿verdad? Está que hierve.
—Alejate de mi maricón hijo de puta —saqué la pistola y le apunté.Se asustó.
—Está bien, está bien, me voy.
—Espera —ni yo mismo podía creer lo que acababa de decir, ni lo que estaba por venir—. Ponte de rodillas.
—¿Estás idiota, ya viste el lugar? Voy a arruinar mi traje blanco.
—Me importa una cagada, ponte de rodillas.
Miró el sucio piso asqueado, pero lo hizo, se hincó y tomó mi verga entre sus manos.
—Por lo menos valdrá la pena.
—Más te vale puto de mierda que esta sea la mejor mamada de mi vida.
Tal vez lo fue, digamos que le daba un 9, o qué carajos, le daba un 10, pero no se lo iba a decir, apenas y tardé un momento y me vine, tenía razón, hacía mucho tiempo que no la usaba, no debidamente. Se tragó todo mi semen y me la dejó limpia. Me metí la verga, tomé el maletín y salí justo cuando unos borrachos estaban entrando. Fui a la barra y pagué, la puta y el ridículo de sombrero ya no estaban. Antes de salir de la cantina pude ver al marica saliendo del baño con su otrora traje inmaculado ahora repugnante, lleno de suciedad. Me dirigí al auto, arranqué y me fui lo más rápido que pude al Motel. El perro seguía ahí tirado, me metí a mi cuarto y cerré con los tres seguros que tenía la puerta. Me desvestí, tomé un baño y me fui a la cama desnudo. No tenía pensado dormir, tan sólo descansar un rato. Puse el maletín a un lado y la pistola debajo de la almohada como siempre y cerré los ojos. Pensé en el perro, pobre animal. Sus ojos asustados, como se llenaron de lágrimas con tan sólo una caricia, una única caricia. Hace mucho que yo no recibía una caricia. Era como el perro. Pensé en mi muerte, me vi tirado en el suelo con las piernas destrozadas y clamando por un tiro en la frente. Me quedé dormido.
Tocaron la puerta. Alerta. Me levanté de inmediato, tomé el arma y el maletín. Volvieron a tocar, eran toques suaves y pausados. Me acerqué a la puerta.
—¿Quién es?
—Hola —dijo una voz de mujer—, te vi en El Perro Mojado.
—¿El qué? No sé de qué hablas, lárgate.
—Perdón, el tugurio del pueblo, se llama El perro mojado.
—Qué bien, ahora lárgate.
—No, tú me viste, nos miramos. Sentí algo.
Por Dios, era la puta que estaba con el imbécil de sombrero.
—Qué lindo, ahora lárgate, ya fui atendido esta noche cariño.
—Espera, si regreso, El gallo me hará daño. Me escapé de él por seguirte. Quiero estar contigo.
Qué sorpresa, el naco de sombrero se llamaba “El gallo”. Medité un rato. Mierda, ella quería estar conmigo, no podía dejar ir semejante hembra. Quité los seguros y abrí la puerta, le apunté con la pistola y se sorprendió.
—Estás desnudo —dijo.
—Sorpresa —contesté.
Cerré sin dejar de apuntarle, la revisé bien, toqué todo su cuerpo, no traía ningún arma. Me quedaba viendo la verga.
—Bien. ¿Por qué me seguiste?
—No sé —contestó—, cuando me miraste en El perro salado, sentí algo y si El Gallo no hubiera estado molestándome, habría ido a tratar de conquistarte.
No le creí, seguía mirándome la verga.
—¿Cómo te llamas? —pregunté colocando el maletín debajo de la cama, ella sólo le dedicó una fugaz mirada.
—Me llamo Topacio.
—¿Topacio? ¿Es tu verdadero nombre o es tu nombre de puta?
—De verdad me llamo Topacio —contestó.
Vaya, esta chica sí que había nacido para ser puta.
—¿Y tú? —inquirió.
—No te diré mi verdadero nombre, pero puedes llamarme, azul—. Pareció sorprendida pero no dijo nada.
Topacio no era muy agraciada de cara, tenía los ojos estirados como una china, los dientes chuecos y un pequeño bigote casi imperceptible. Era morena, delgada y tenía un gran cuerpo.
—¿Quieres coger? —le dije.
—Nunca había tenido tantas ganas de coger con alguien como ahora —contestó de inmediato.
La cogí entre los brazos y la besé, no me importó si momentos antes hubiera estado haciendo cosas con ese tal Gallo. Su piel era suave y olía a perfume corriente. Me metió la lengua hasta la garganta. Le quité la ropa. Era realmente bella, besé sus hermosas tetas y chupé sus pezones cafés. Le acaricié el culo. La tiré en la cama y le abrí las piernas, estaba peluda pero no olía mal. No soy como esos maricas delicados que las prefieren rasuradas. Le metí dos dedos, escurría, estaba realmente babosa como la boca de un caballo. Se la mamé. Sus quejidos eran raros, chillones, me gustaban. La volteé, su culo era divino, firme, le di varias nalgadas y después varias lengüetadas mientras acariciaba su espalda. Se incorporó y me volvió a besar, me mordió los labios, me los magulló, sentí sabor a sangre, me enterró las uñas en la espalda, me dejó marcado como un maldito novillo. Después se hincó y me la mamó. Su boca succionaba extraordinariamente y sus dientes chuecos le daban un plus, rozaba. Joder, no voy a decir ahora quién me dio la mejor mamada. Topacio lo hacía bien. La acosté en la cama, le besé todo el cuerpo, después alcé sus piernas y las coloqué en mis hombros, la penetré suavemente y seguí así por un momento, después comencé con las embestidas fuertes, estuve así por mucho tiempo, sus gemidos chillones hicieron eco en toda la habitación, tuvo un orgasmo. La puse en cuatro y seguí, sentí como un chorro de esos que te salen desde la columna vertebral se acercaba, me vine y ella volvió a tener un orgasmo, vi las estrellas.
La besé y me recosté sobre su pecho. Estábamos cansados. Después de un momento tomé la pistola y le apunté.
—Fue fantástico Topacio, el mejor polvo de mi vida, pero sé por qué viniste y si no me dices quién te mandó te voy a matar—. Su mirada temerosa se posó en el arma.
—Yo… no sé de qué hablas—. Acerqué la pistola y se la puse en la frente.
—No, por favor, no me mates—suplicó—, no sé nada, sólo me mandaron a robar el maletín.
—¿Quiénes?
—Ellos, estaban en El Perro Salado, un hombre rubio, afeminado, muy guapo vestido de blanco y sus dos hombres.
—¿Por qué no vinieron ellos?
—Saben que eres peligroso, al hombre de blanco le pareció la idea de que yo viniera y robara el maletín. Verás, soy muy buena robando cosas. Me dijeron que si no regresaba con él me iban a matar.
—Mientras estés conmigo no te va a pasar nada.
—¿Lo prometes?
—Sí.
—Yo sabía que tú eras un buen hombre y que ellos eran los malos. Tenemos que huir, si no llego antes de que amanezca ellos vendrán.
—No, nada de huir. Si huyo me seguirán y me encontrarán, es mejor esperarlos y matarlos.
Me paré y me vestí, Topacio hizo lo mismo. Tomé el arma. Rojo me había ofrecido una AK-47 mejor conocidas como “Cuerno de chivo” pero la rechacé, es un arma grotesca, sin estilo y vulgar. Prefería mi 9mm, metí varios cartuchos en la bolsa de mi Levi’s 505. Escuché el sonido de motos aproximándose.
—¿Qué hay en el maletín? —preguntó Topacio.
—Algo muy importante e insignificante a la vez.
Los disparos de metralleta empezaron a llegar antes de lo esperado, tomé a Topacio por un brazo y la llevé al suelo. Las balas pasaban zumbando destruyendo todo en la habitación, era cuestión de segundos para que una nos alcanzara. A como pude volteé la cama y eso nos ofreció un poco de protección. Empezaron a golpear la puerta. Le pedí a Topacio que se escondiera en el baño. La puerta cayó, era mi oportunidad, disparé furtivamente, la bala entró justo en medio de la frente de uno de los changos de chaqueta de piel. Hubo silencio. De repente me acordé del maletín, no lo tenía, me levanté y lo busqué, estaba debajo de varios escombros, al tomarlo sentí como un disparo me alcanzó en el brazo derecho, el dolor fue agudo y la sangre comenzó a salir inmediatamente.
—¡Estás herido, entrega el maletín! —gritaron.
No contesté. Quise levantarme y de nuevo los disparos de metralleta comenzaron a circular, una bala me rozó en la cabeza y sentí la sangre caliente bajar por mi espalda. Los disparos cesaron e inmediatamente me levanté, comencé a disparar hacía la puerta. Escuché el grito de un hombre. Silencio.
—Sal, lo he derribado.
Era la voz de Topacio. Esto podía ser una trampa, tomé el maletín y me acerqué apuntando con la pistola hacia la puerta, mi brazo estaba tirando sangre por todas partes. Salí, en el suelo había un hombre grande y gordo con un disparo en la frente, el que yo había matado. El otro hombre estaba tirado justo debajo de los pies de Topacio, que sostenía una enorme piedra con manchas de sangre.
—Escapé por la ventana del baño, le di la vuelta a todo el Motel, tomé esta piedra y le rompí su madre mientras te disparaba. Tenemos que irnos, toda la gente del Motel ha huido, no tardará en llegar la policía.
Era valiente e intrépida, seguramente lo había aprendido en un sinnúmero de pleitos de cantina. Me excitó mucho verla así. Corrimos hasta mi Gran Torino, el perro aún estaba ahí. Subimos, arranqué y seguimos la carretera hacía el norte.
—Estás herido, Azul.
—No importa —si importaba, había perdido mucha sangre y tenía la vista nublada—. Te tendrás que quedar en algún lugar.
—Quiero ir contigo.
—No, eso es imposible, esto lo tengo que hacer solo.
—¿Me puedes decir cuánto dinero hay en ese puto maletín que tanto quieren?
—¿Dinero? Aquí no hay dinero. Es algo muchísmo más importante.
—¿Y qué demonios es?
—Sólo te puedo decir que es algo que salvará el mundo.
—¿Entonces eres un héroe? Porque discúlpame pero no pareces una persona que vaya por la vida salvando el mundo y a las personas.
—No, no lo soy, soy una porquería, detesto a las personas, me dan asco, me aburren hasta rabiar, odio a todos, por eso soy tan solitario, soy lo peor que te puedas imaginar, pero tengo mis motivos.
Perdí el control del auto y me salí de la carretera, apenas logré frenar antes de chocarnos contra un árbol.
—Estás herido, suelta el maletín, necesito curarte.
—No, el maletín no.
—Baby, si dices que en ese maletín no hay dinero, créeme, no me interesa, no te lo voy a robar.
Tenía que confiar en Topacio, había salvado mi vida y estaba herido, había perdido mucha sangre. Me desmayé.
Cuando me desperté, estaba acostado en una cama, vendado y con el maletín entre mis brazos.
—No dejabas de pedirlo. Te lo di y lo abrazabas como si fuera un oso de peluche, vaya que es importante para ti lo que sea que haya ahí dentro. Estamos en Guadalupe, en un Motel, fue muy difícil traerte sola hasta aquí. Compré agua, medicina y vendas para tu herida, y comida.
Me pasó una botella de agua y un sándwich. Tomé el agua casi de un solo trago y me devoré el sándwich. Tomé el maletín, marqué la clave y lo abrí, todavía seguía ahí.
—Te dije que si no era dinero no me interesaba. Toma, te hará bien.
Topacio me acercó un vaso, una botella de Jack Daniels y un carrufo de mota que había estado fumando. Me serví whisky de inmediato, sentí como el líquido caliente pasaba por mi garganta y llegaba a mi estómago, después le di unas cuantas caladas al cigarro de mota.
—Tenemos que irnos de aquí, nos van a seguir y además, este sitio está infestado de cucarachas, no me preguntes, simplemente lo puedo sentir —dije con dificultad.
—Parece que ya estás mejor, voy a arreglar las cosas y nos vamos.
Topacio se acercó para revisar mis heridas pero yo la tomé por la cintura aún con el dolor del brazo punzando, la acerqué a mi y la besé, ella me correspondió pero esta vez no metió su lengua en mi garganta, fue un beso tierno, suave, fue un beso con amor. Nos miramos por un largo tiempo y después ella se apartó y salió del pequeño cuarto. Me recosté y contemplé el techo pintado de azul. ¿Sería posible que me estaba enamorando de Topacio? ¿Esa puta de El perro salado con ojos de china, dientes chuecos y bigote? Tal vez no era bonita de cara, pero era hermosa, suena ilógico y tal vez muchos no comprendan, pero en sus desperfectos estaba su atractivo. Entonces me acordé de lo que había pasado la última vez que me enamoré, no podía seguir poniendo a Topacio en peligro. Tenía que abandonarla en algún lugar seguro y tal vez, si yo llegara a sobrevivir, después de que todo este infierno terminara, regresar por ella, y vivir juntos y amarnos, no casarnos porque no creo en el matrimonio, o tal vez si ella quería hacerlo, no importaba. Escuché un grito. Alerta. Busqué la pistola debajo de mi almohada, no estaba, eché una mirada rápida por toda el cuarto y no estaba por ningún lugar.
—¡Azul! —era el grito de Topacio.
Me levanté de un brinco y salí del cuarto armado tan solo con mis puños. Topacio estaba parada con la mirada llena de terror y un puñal enterrado en el pecho, alargó su mano hacia mi y se desplomó a mis pies. Me agaché y la tomé entre mis brazos, su mirada me buscó, se perdió, se apagó, pude escuchar su último aliento. Había muerto. Le fallé, le había prometido que estando conmigo nada le pasaría. Lloré, lloré de rabia. Un hombre se presentó ante mi, un hombre guapo, afeminado, rubio, vestido pulcramente de blanco.
—Pero miren a quién tenemos aquí, el caballero de la buena verga. Por Dios, no me digas que estás llorando por esa puta india insignificante, pero si la acabas de conocer.
—¡Maldito marica hijo de puta! —me abalancé sobre él pero soltó una fuerte patada que me golpeó en el pecho y me mandó al otro lado de la habitación.
—Te equivocas corazón, soy puto pero no marica. Me vas a entregar el maletín, después te voy a partir tu puta madre y te voy a matar con mis propias manos, sabes, detesto las pistolas, son demasiado “bugas” para mi, así que las evito siempre que puedo, me gusta matar, me encanta matar, pero con mis propios puños.
Me levanté adolorido.
—Nunca te voy a entregar el maletín y vas a pagar por lo que le hiciste a Topacio, maldito marica.
—Uh, vas a lamentar haber dicho eso. Pero que hipócrita son todos ustedes los heteros, ¿ya se te olvidó la increíble mamada que te di hace apenas unos días? Ya todos saben lo que Rojo intenta hacer, la noticia corrió como pólvora, incluso el gobierno de los Estados Unidos está en alerta. Después de mi vendrán miles por ti. Pero como quieras—. Se quitó el saco y se desanudó la corbata.
—¿Quién eres? —pregunté escupiendo un poco de sangre.
—¿Acaso no es evidente que soy Blanco? Y tú, tú querido, eres Azul, la puta india lo gritó cuando le clavé el puñal en el pecho, que asquerosas tetas las que tenía —dijo mientras se terminaba de quitar la camisa, sólo quedó en una playera igual de blanca, sin mangas. Tenía unos brazos muy musculosos y un cuerpo bastante trabajado.
—En el bando contrario no hay colores —respondí.
—Pero que ingenuo eres Azul, veo que Rojo sigue siendo el mismo hijo de puta de siempre, te ha estado ocultando muchas cosas.
Se lanzó hacía mi y una lluvia de puños me atacaron, eran tan veloces y casi imposibles de esquivar, uno me golpeó en la costilla derecha y otro en mi nariz, la sangre brotó de inmediato, pero fue entonces que respondí, solté mi puño izquierdo con tanta furia que pude sentir como cortaba el aire, se estampó en su ojo derecho, se escuchó seco y poderoso. Retrocedió, la sangre salió formando un hilo grueso que bajó hasta su camisa tiñiendola de rojo.
—Lento pero poderoso, eh Azul, con esta ya son dos trajes que me debes.
—Vete a la verga.
Comenzó a reír, su ojo se había inchado en tan poco tiempo y dejaba ver un ligero color púrpura.
—No me digas que quieres otra de mis mamadas, lo siento querido pero ahora estamos peleando y déjame decirte que vas a perder.
Se aventó otra vez, tiró una patada que conseguí esquivar, me giré y lo tomé por atrás rodeando su cuello con mi brazo bueno. Podía sentir su respiración. Deslizó su mano y me apretó los huevos.
—Que buen pedazo de verga — dijo con dificultad.
Apretó, yo apreté más fuerte su cuello. No pude más y lo solté. Él se giró tosiendo un poco, me tiró tres patadas, era evidente que sabía pelear muy bien y lo había subestimado, la última patada me lanzó de nuevo por la habitación y caí de espaldas encima de una mesita de madera que se despedazó al instante. Antes de poder recuperarme, Blanco se había acercado rápidamente y me molió con golpes por toda la cara, a como pude lancé un codazo con mi brazo malo que hizo que cayera a un lado, intenté levantarme pero el dolor del brazo era muy fuerte. Blanco ya estaba parado otra vez, había tomado una de las patas de la mesita y se lanzó hacia mi pero antes le coloqué un patada en su estómago que lo tumbó de nuevo. Me levanté y le di varios puntapie en la cara y el tórax, estaba ya irreconocible, probablemente como yo. De nuevo una patada, era bueno en eso, esta vez caí hincado lo que me dejó a su altura para estamparme un puño en la cara, caí casi muerto al lado de Topacio, sus ojos aún estaban abiertos, mi vista se nubló. Blanco se acercó y me dio un beso en la boca. Después me tomó por el cuello y comenzó a apretar, su fuerza era increíble, ya no podía respirar, estiré mi mano y arranqué con mucho esfuerzo el puñal que Topacio tenía en el pecho, pero la vida se me estaba escapando, sentí que ya no tenía fuerzas y no podía respirar por la presión que Blanco ejercía sobre mi garganta, entonces la vi, la vi como si fuera una secuencia en cámara lenta. Una cucaracha que estaba posada en una de las lámparas desplegó sus alas y emprendió el vuelo, dio varios círculos por el aire antes de posarse en la cara de Blanco, este dio un grito horrorizado y soltó mi cuello para manotear ahuyentando a la cucaracha, parecía que el marica le tenía más pavor a esos bichos que yo. Con Blanco distraído con el insecto pude recobrar el aliento, me levanté, empuñé la daga y la clavé con todas mis fuerzas en su ojo, el mismo que había golpeado hacía unos momentos. Su grito de dolor fue como el de una mujer, se alejó intentando desenterrar el cuchillo sin éxito, tiré mi último puño a Blanco que golpeó en su mentón, cayó de espaldas llorando, entonces me acerqué y con el pie terminé de hundir el puñal que debió llegar hasta su cerebro porque dejó de gritar y se quedó inmóvil. Había muerto.
Tenía que darme prisa, estaba hecho una mierda, molido y cubierto de sangre, fui al cuarto, me puse mis Levi’s 505, mi camisa de cuadros y mis Dr. Martens, tomé el maletín, al salir me acerqué a Topacio y llorando la besé y le pedí perdón. Salí de ahí y busqué mi Gran Torino, tenía que hablar con Rojo y aclarar algunas cosas, estaba ensangrentado y débil pero tenía que continuar con mi misión. Acababa de comprobar que hasta el ser más insignificante tiene una función en esta maldita vida, la mía era llevar el maletín hasta su destino final, el mundo dependía de mi.
Mi nombre es Eugenio y mi hija es una Belieber.

Hola, mi nombre es Eugenio.
No sé en qué momento pasó, creo que yo soy el responsable, me confié, pero es que pensé que pasaría como a cualquier persona, de niño escuchas todas esas tonterías y conforme vas creciendo empiezas a escuchar buena música, por lo menos así sucedió conmigo, ¡Por Dios! Yo escuchaba a Pánfilo y las ardillitas, pero cuando crecí me encontré a The Beatles, sus letras, su música, su filosofía rayaban en la genialidad y no podía concebir que existiera música tan sublime, The rolling Stones, la primera vez que los escuché sentí como que un animal salvaje se liberaba dentro de mí, y me gustó, The Who, The Clash, AC/DC, U2, Metallica, The Smiths, todas esas bandas poca madres que formaron mi persona.
Pero no, mi hija no escucha este tipo de música, porque ella es… una Belieber.
Así es, mi hija es una Belieber, que es ese término estúpido con que se auto nombraron los fans de Justin Bieber, y que es un juego de palabras entre su apellido y la palabra Believe (creer en ingles) y verán, no tengo nada contra el niño, es un simple mocoso sin talento que es usado por una disquera internacional hambrienta de dinero, y vaya que lo han obtenido. Y saben, su música está bien, pero para niños de 5 a 8 años, ¿Saben cuántos años tiene mi hija? Tiene 18. Como les decía, no sé en qué momento pasó, de repente todo se convirtió en Justin Bieber. Cuando escuché la canción pensé que era pop plástico estúpido, pero está bien, cualquiera entre su selección de música tiene algo así, pero ella no, ella solo escucha a ese maldito mocoso, su iPod no tiene otra cosa más que canciones de Justin Bieber, y las escucha una y otra vez; es una tortura, una y otra vez, esa maldita canción:
Baby, Baby, baby uhhhh, baby, baby, baby uhhh.
Era tan desesperante que un día tuve que entrar a su cuarto y destruir el mini componente con un bate (al cual bauticé como el exterminador de la mierda) al día siguiente había otro estéreo en su cuarto, no le volví a dar ni un peso, pero ella siempre tiene dinero, al parecer los otros fans le dan o le prestan.
Todo es Justin Bieber, sus cortinas, su sobrecama, su ropa, su back pack, sus libretas y lapiceros, todas las paredes de su cuarto están tapizadas con la cara de Justin Bieber, el baño, se los juro, tiene una foto enorme en el baño, cada vez que caga da la impresión de que el chamaco la mira, sus calzones, el tema de su celular, su tono, el Wall paper de su computadora, hasta come de un extraño cereal que tiene la foto de Justin Bieber.
He intentado disuadirla, pero todo ha sido en vano, le regalé muchos libros con la esperanza de estimular su cerebro, pero se rehúsa a leerlos, dice que no les entiende, y está bien, Dostoievski es algo complicado, pero bajé el nivel a “El principito” y me dijo que a la historia le hacía falta un personaje, quizás un niño con peinado bonito.
Intenté hablar con ella, le lleve varios discos de The Beatles pero me contestó:
O sea papá, que asco de música, tipo que estos weyes tienen cero talento, ¿Cómo que un submarino amarillo? Eso es estúpido, además sus peinados no son tan bonitos como el de Justin Bieber.
Y ok, quizás me confundí, demasiado vintage para ella, pero busque bandas actuales con buena música y encontré a The Killers:
Qué asco papá, ese tipo canta horrible, además no hacen ninguna coreografía, y no, no tienen peinado bonito como el de Justin Bieber.
Pensé que era una epidemia de estupidez y que todos los chicos estaban igual, y aunque hay una gran mayoría, no todos son así. Cuando Rosita la hija de Antonio mi colega en la empresa cumplió años, Toño me enseñó el regalo que había comprado para ella, era la colección de discos de U2, la niña que cumplía 16 años amaba a U2, sentí tanta envidia. ¿Por qué mi hija se había convertido en una loser de mierda? Cuando Toño se enteró que tenía una Belieber viviendo en mi casa se burló de mí.
Un día, me mandaron a hablar de la dirección porque mi hija había golpeado a otra niña, fue un momento esperanzador, mi hija rebelde, de seguro ha despertado de su ñoñez. Al llegar vi a una niña completamente bañada en sangre, le había dado una verguiza que nunca olvidaría, “Esa es mi hija pensé todo una Rock Star”
¿Qué ocurrió aquí? –Pregunté.
Su hija golpeó a Carmencita –Contestó la directora.
¿Pero por qué lo hiciste? –Pregunté tratando de ocultar mi orgullo.
Esa puta es una “Directioner” y estaba hablando mal de Justin Bieber, por eso le metí sus buenos putazos a la pendeja.
Todo se vino abajo, había golpeado a otra pendeja, una “Directioner” fan de otra mierda: One Direction, después de eso las peleas se volvieron constantes, al parecer hay una guerra (más estúpida que la Segunda guerra mundial) entre estos dos tipos de idiotas.
Ya no puedo soportarlo mas, esto es un martirio, una tortura, he tratado de comprender pero no puedo, no puedo entender que alguien escuche mierda por música, por eso, he llegado a una conclusión, la única forma de parar toda este sufrimiento, es deshaciéndome de ella, así es, voy a matar a mi hija. Confio en que Dios me perdonará, porque de seguro el también odia a Justin Bieber, pensarán que soy un sádico, pero es la única solución a todo esto, en algún momento y no en este mundo sino en una dimensión alejada, mi hija me lo agradecerá.

Por favor mundo, no me juzguen, si ustedes tuvieran una Belieber viviendo en sus casas me comprenderían.
Eugenio Martínez Sosa




